Mapa micológico de la provincia de A Coruña (Galicia) que muestra dónde son propicias hoy las condiciones de fructificación de setas y hongos, actualizado a diario con climatología, condiciones topográficas del terreno e inteligencia artificial. Informa de condiciones de fructificación del terreno: no de presencia, comestibilidad, identificación ni recolección.
En A Coruña casi nunca falta la humedad: llueve a menudo y el monte se mantiene verde, de modo que sus pinares y carballeiras figuran entre los más generosos en setas del noroeste, del níscalo al boletus.
La provincia de A Coruña es, ante todo, tierra de pinares y carballeiras sobre un relieve suave y muy verde. En sus montes bajos y valles —el modelo apenas rebasa los 1.170 metros, con una altitud típica de pocas decenas sobre el mar— encuentran acomodo algunas de las setas más buscadas del noroeste: el níscalo (Lactarius deliciosus) de los pinares, el boletus (Boletus edulis y pinophilus), la oronja (Amanita caesarea) de los robledales soleados y, en los claros de frondosa, el rebozuelo (Cantharellus cibarius) y la trompeta de los muertos (Craterellus cornucopioides).
Casi todo el territorio —más del 95 %— tiene un suelo ácido (pH en torno a 5), arenoso y muy rico en materia orgánica, empapado por un clima oceánico que reparte la lluvia durante buena parte del año. Las temperaturas son suaves y sin sobresaltos: inviernos moderados junto al mar, veranos frescos y muy pocas heladas salvo en el interior. Esa combinación de acidez y humedad permanente es la que explica la riqueza micológica de la zona y marca qué especies prosperan.
Dos grandes ambientes reparten el protagonismo. Por un lado, los pinares —sobre todo de pino del país (Pinus pinaster), con algo de pino insigne—, terreno del níscalo y el boletus. Por otro, las carballeiras de roble y otras frondosas, con sus setas de hojarasca. Los pastizales y prados, muy extensos, y el matorral de toxo y breixo completan un mosaico donde también aparecen la lengua de vaca (Hydnum repandum), el pie azul (Lepista nuda) y, en los pastos, el parasol (Macrolepiota procera) y la senderuela (Marasmius oreades).
Gracias a la benignidad del clima, la temporada gallega es de las más extensas: el gran empujón llega en otoño, pero la humedad permite brotes desde finales del verano y, en primavera, el perrechico (Calocybe gambosa) en los prados y las colmenillas (Morchella) en riberas y sotos. Como todo responde a las lluvias y a las temperaturas de cada momento, el mapa muestra las condiciones de hoy, no un almanaque fijo.
Este mapa dibuja ventanas de oportunidad: lugares donde ahora se cumplen los requisitos ambientales de cada especie. No garantiza que la seta esté ahí, no la identifica y no dice si se puede comer. Buena parte del monte gallego pertenece a comunidades de montes vecinales o a particulares, de modo que el derecho de paso y de recogida no se presume: conviene preguntar en la parroquia o el ayuntamiento. Y para dar por buena cualquier seta, lo sensato es acudir a una sociedad micológica, porque el error puede costar muy caro.
En Galicia la recogida de setas se rige por la normativa autonómica, y gran parte del monte pertenece a comunidades de montes vecinales o a particulares; que una zona no esté cercada no la convierte en libre. Pregunta antes de recolectar.