Mapa micológico de la provincia de Almería (Andalucía) que muestra dónde son propicias hoy las condiciones de fructificación de setas y hongos, actualizado a diario con climatología, condiciones topográficas del terreno e inteligencia artificial. Informa de condiciones de fructificación del terreno: no de presencia, comestibilidad, identificación ni recolección.
Almería es tierra de extremos: en una misma provincia caben el desierto de Tabernas y las cumbres nevadas de Sierra Nevada. Esa enorme distancia entre el mar y la alta montaña es la que decide, palmo a palmo, dónde puede haber setas y dónde casi nunca.
Almería concentra en poco espacio dos mundos micológicos opuestos. Su relieve va del nivel del mar a cerca de 2.700 metros en las cumbres del interior. El litoral y las hoyas semidesérticas —el entorno de Cabo de Gata y el desierto de Tabernas— casi nunca reúnen humedad suficiente, mientras que el potencial se concentra en las sierras: los Filabres, la Sierra de Gádor, la de María-Los Vélez y las estribaciones almerienses de Sierra Nevada, donde la altura aporta frescor y algo más de agua.
El terreno almeriense es mayoritariamente calcáreo: cerca del 88 % tiene reacción básica (pH próximo a 7,8), con textura franco-arenosa y escasa materia orgánica, propia de un ambiente seco. Los rincones ácidos se limitan a las cumbres silíceas de Filabres y Nevada. Sobre esa base predominan el pastizal y el matorral, con pinares —carrasco en cotas bajas y medias, laricio y albar en altura— y encinares dispersos. Ese mosaico favorece a unas especies y descarta a otras.
Lo propio del pinar calcáreo almeriense son el níscalo (Lactarius deliciosus) y el níscalo de sangre vinosa (Lactarius sanguifluus), junto a la negrilla (Tricholoma terreum) y la capuchina (Tricholoma portentosum). Los pastizales y eriales son el dominio de la seta de cardo (Pleurotus eryngii), el champiñón (Agaricus campestris) y la senderuela (Marasmius oreades). En el matorral semiárido sobre suelo básico salen las turmas o criadillas (Terfezia), muy del sureste. Y en encinares y pinares de sierra, en años lluviosos, cabe el boletus (Boletus edulis y afines); el rebozuelo (Cantharellus cibarius) queda relegado a los enclaves ácidos de montaña.
Aquí el clima pesa más que en ningún otro sitio. Almería es la provincia más árida de la Península y una de las más cálidas: en la costa los inviernos son suaves —medias que rara vez bajan de los 12 °C— y los veranos largos y calurosos, mientras que en las sierras el termómetro cae, hiela a menudo y nieva por encima de los 2.000 m. Con tan poca lluvia, la fructificación depende por entero de que caiga agua suficiente; cuando llega en otoño y coincide con noches frescas se abre la mejor ventana, que en los pinares de montaña se prolonga al invierno. La primavera deja una segunda oportunidad, más breve, para la seta de cardo, las turmas y el perrechico de las sierras del norte. El litoral desértico, en cambio, apenas cumple condiciones.
Merece la pena distinguir qué es este mapa y qué no. Modela condiciones ambientales —agua, temperatura, suelo y vegetación— favorables a cada especie; en ningún caso confirma que la seta esté presente ni permite reconocerla. Como numerosas setas tóxicas imitan a otras comestibles, ninguna identificación debería hacerse por cuenta propia: para eso están los micólogos y las sociedades micológicas. Ten presente, además, que el modelo desconoce los lindes de propiedad y los espacios protegidos.
En Andalucía, el aprovechamiento micológico se rige por la normativa autonómica y, a menudo, por ordenanzas de cada municipio; que un monte no esté acotado no significa que puedas recolectar en él. Conviene informarse antes de salir.