Mapa micológico de la provincia de Cáceres (Extremadura) que muestra dónde son propicias hoy las condiciones de fructificación de setas y hongos, actualizado a diario con climatología, condiciones topográficas del terreno e inteligencia artificial. Informa de condiciones de fructificación del terreno: no de presencia, comestibilidad, identificación ni recolección.
Cáceres es dos provincias en una: la dehesa cálida de encinas y alcornoques, con su gurumelo de primavera, y la montaña fresca del norte —Gredos, el Jerte, las Hurdes— con castañares y robledales de gran boletus.
Cáceres se entiende en dos mitades. La mayor parte es penillanura adehesada, un mar de pastos con encinas y alcornoques; pero el norte se levanta en montañas —el Gredos cacereño, las Villuercas, las sierras de Gata y las Hurdes, el valle del Jerte— que superan los 2.500 metros y traen consigo castañares y robledales. Esa doble naturaleza, dehesa cálida y montaña fresca, multiplica sus posibilidades micológicas.
El suelo cacereño es predominantemente ácido a neutro (pH en torno a 6,3), arenoso y de contenido orgánico moderado, sobre los materiales silíceos que dominan buena parte de Extremadura. Esa acidez conviene tanto a las quercíneas de la dehesa como a los castaños y robles de las montañas del norte, y define el tipo de setas que cabe esperar en cada ambiente.
En la dehesa —encina y alcornoque sobre pasto— el otoño trae el boletus (Boletus aereus y edulis), la oronja o tana (Amanita caesarea) y el parasol (Macrolepiota procera); y la primavera, la seta más celebrada del suroeste, el gurumelo (Amanita ponderosa), propia de jarales y pastos, junto a la seta de cardo (Pleurotus eryngii).
En las sierras septentrionales cambia el registro. Los castañares de Gata, las Hurdes y el Jerte y los robledales de melojo de Gredos y las Villuercas son terreno de excelente boletus (Boletus edulis y reticulatus) y de oronja, mientras que los pinares de pino resinero dan níscalo (Lactarius deliciosus). Es la cara húmeda y fresca de la provincia, con una temporada más parecida a la de la montaña que a la de la llanura.
El clima es mediterráneo y caluroso, con veranos secos y muy cálidos en la penillanura e inviernos suaves; la montaña del norte, en cambio, es más fresca y lluviosa, con nieve en las cumbres. Esa diferencia reparte el calendario: el otoño es la gran temporada en cuanto llegan las lluvias, la primavera es el momento del gurumelo, y las montañas alargan la actividad al ser más húmedas. El verano seco detiene casi todo en las tierras bajas.
El mapa muestra dónde coinciden hoy los factores ambientales de cada especie; no confirma que la seta esté presente, no la identifica y no orienta sobre su consumo. En Extremadura la dehesa es en gran medida privada y el aprovechamiento está regulado: recolectar requiere permiso y conocer la norma. Extrema además la prudencia con la identificación: el gurumelo tiene parientes mortales muy semejantes, y ninguna seta debería comerse sin el visto bueno de un experto.
En Extremadura el aprovechamiento micológico está regulado y la dehesa es en su mayoría privada; recolectar exige permiso del titular y conocer la norma. La ausencia de cercado no implica acceso libre.