Mapa micológico de la provincia de Cádiz (Andalucía) que muestra dónde son propicias hoy las condiciones de fructificación de setas y hongos, actualizado a diario con climatología, condiciones topográficas del terreno e inteligencia artificial. Informa de condiciones de fructificación del terreno: no de presencia, comestibilidad, identificación ni recolección.
En Cádiz conviven la sierra más lluviosa de España, Grazalema, y el mayor alcornocal de Europa, el del Aljibe. Ese verdor inesperado en pleno sur explica su riqueza en boletus, gurumelos y níscalos.
Cádiz esconde una paradoja: en pleno sur, alberga la sierra más lluviosa del país, la de Grazalema, cuyas cumbres superan los 1.600 metros y recogen precipitaciones extraordinarias. Frente a ella se extienden la campiña y un litoral llano de marismas y pinares. Ese contraste entre una montaña empapada y unas tierras bajas más secas es lo que reparte, de forma muy desigual, el potencial micológico de la provincia.
El emblema forestal gaditano es el alcornocal: el Parque de los Alcornocales, sobre las areniscas del Aljibe, forma una de las mayores masas de alcornoque de Europa, acompañada de quejigos y un sotobosque de jarales y brezales. A ello se suman los encinares de la campiña y los pinares de pino piñonero del litoral, hacia Barbate y la costa atlántica. Es un mosaico de bosque mediterráneo húmedo poco frecuente en Andalucía.
Bajo esos bosques, el suelo cambia de carácter: ácido y arenoso sobre las areniscas del Aljibe, donde crecen los alcornocales, y calcáreo en la sierra de Grazalema y buena parte de la campiña, de arcillas pesadas. Esa dualidad edáfica amplía el abanico de especies, porque cada tipo de suelo tiene sus preferencias.
En los alcornocales y quejigares, el otoño trae el boletus —el tentullo (Boletus aereus)— y la oronja o tana (Amanita caesarea); la primavera, el codiciado gurumelo (Amanita ponderosa), propio de los jarales sobre arenisca. En los pinares de piñonero del litoral aparece el níscalo (Lactarius deliciosus), y en pastos y campiña, la seta de cardo (Pleurotus eryngii) y la gamuza (Hydnum repandum). El clima suave alarga la temporada más que en el interior andaluz.
Este mapa dibuja dónde se cumplen hoy las condiciones de cada especie; ni garantiza la seta, ni la identifica, ni dice si puede comerse. En Andalucía existe normativa sobre el aprovechamiento micológico y muchos montes —el propio Parque de los Alcornocales, entre ellos— tienen figuras de protección o gestión: comprobar dónde se permite recoger corresponde a quien acude. Y con especies como el gurumelo, de parientes mortales, la identificación debe hacerla siempre un experto.
En Andalucía existe normativa sobre el aprovechamiento de setas, y muchos montes —públicos o privados— cuentan con figuras de protección o regulaciones propias; la ausencia de un cartel no equivale a permiso. Consulta la situación de la zona antes de acudir.