Mapa micológico de la provincia de Álava (País Vasco) que muestra dónde son propicias hoy las condiciones de fructificación de setas y hongos, actualizado a diario con climatología, condiciones topográficas del terreno e inteligencia artificial. Informa de condiciones de fructificación del terreno: no de presencia, comestibilidad, identificación ni recolección.
Álava se reparte entre dos climas: el norte húmedo y atlántico y la Rioja Alavesa, ya mediterránea. Entre medias, montañas con hayedos, robledales y carrascales que le dan una micología especialmente variada.
Álava tiene la particularidad de sentarse justo en la frontera de dos mundos. Su mitad norte, en la vertiente cantábrica, es húmeda y atlántica; su extremo sur, la Rioja Alavesa, ya es mediterráneo, más seco y cálido. Entre ambos se extiende la Llanada alavesa, y por todo el territorio se levantan montañas —de los 15 metros del fondo de los valles a más de 1.500 m— que reparten hayedos, robledales y carrascales. Ese cruce de influencias es lo que hace tan variada su micología.
La provincia es marcadamente arbolada y montañosa. En las sierras del norte y de Gorbeia dominan los hayedos; en cotas medias, robledales y quejigares, junto a extensas repoblaciones de pino insigne; y en el sur asoman los carrascales de encina, como el notable bosque de Izki. La Llanada y la Rioja Alavesa aportan cultivo, viñedo y pastos, de modo que casi cualquier ambiente forestal del norte peninsular tiene aquí su representación.
Coherente con esa dualidad, el suelo alavés es de los más equilibrados: ni marcadamente ácido ni netamente calizo, con un pH medio cercano a la neutralidad, buena proporción de arcilla y un contenido de materia orgánica notable. Conviven laderas calcáreas —casi la mitad del territorio— con sectores ácidos en la montaña silícea. Esa variedad de suelos multiplica el abanico de especies posibles, porque cada una tiene sus preferencias.
Los hayedos y robledales dan boletus (Boletus edulis y aereus), lengua de vaca (Hydnum repandum) y trompeta de los muertos (Craterellus cornucopioides); los carrascales calizos, boletus de encinar y oronja (Amanita caesarea); las repoblaciones de pino, níscalo (Lactarius deliciosus). En los prados, la estrella es el perrechico (Calocybe gambosa), muy apreciado en primavera, con el champiñón y la senderuela. Y hacia la Rioja Alavesa asoman especies más mediterráneas, como la seta de cardo (Pleurotus eryngii).
El termómetro también refleja el contraste: la Llanada y la montaña conocen inviernos fríos con heladas y veranos templados, mientras que la Rioja Alavesa disfruta de un clima más cálido y soleado. La temporada principal es el otoño, con un adelanto en las umbrías húmedas de montaña; la primavera es el momento del perrechico. El mapa refleja las condiciones vigentes hoy, que cambian con cada racha de lluvia y frío.
Lo que ofrece este mapa es una estimación de condiciones, no un listado de setas presentes ni una herramienta para reconocerlas. En el País Vasco el aprovechamiento está regulado y abundan los montes de utilidad pública y las fincas privadas; averiguar dónde y cómo está permitido recoger corresponde a cada persona. Y la identificación es tarea de especialistas: varias setas comestibles tienen sosias venenosos, y la diferencia no siempre se ve a simple vista.
En el País Vasco el aprovechamiento de setas está regulado por la normativa foral, y abundan los montes de utilidad pública y las fincas privadas; la ausencia de señalización no implica libre recogida. Conviene informarse antes de salir.